
Belin (graffitis)
El mar está en calma. Y aquí, en la orilla recostada de mis días, los amaneceres, como violines traviesos, me regalan sus tonos y acordes mayores, envueltos en un murmullo plácido de sueños.
Abrí los ojos tarde y al fijar la mirada, más allá del insinuante perfil de las palmeras, descubrí que la vida es un sueño y que, para soñar bonito, hay que despertar sin miedo.